“Ecce Homo” Luis Morales, “Divino” Morales. Badajoz 1510- 1586.
Junto con el Greco, fue el mejor pintor de la 2ª mitad del s.XVI. No se conocen demasiados datos acerca de su formación. Pincelada con precisión y una concepción del paisaje muy flamenca. Sin embargo, emplea un colorido y un sfumato más a la italiana seguramente por sus contactos en Valencia con pintores que estaban en la ciudad del Turia y que estaban en la estela de Da Vinci. Su gran complejidad y calidad reside en el mundo interior de sus personajes con melancolía. Fue apodado Divino por su primer biógrafo, Antonio Palomino, por su dedicación casi exclusiva a temas religiosos con gran maestría, belleza y delicadeza. La gran solicitud de sus obras y éxitos en sus producciones hizo que tuviera un taller muy fructífero dónde colaboró con sus hijos, Cristóbal y Jerónimo.
Del taller con rasgos de muy alta calidad parece ser la obra que nos ocupa con la introspección personal de sus personajes y ese color que contribuye a crear una particular atmósfera.
Estamos ante una iconografía religiosa de carácter devocional, centrada en la figura de Cristo en actitud de recogimiento y dolor contenido. Estilísticamente, de tradición renacentista tardía con ciertos visos manieristas, idealización anatómica, la suavidad del modelado y la elegancia contenida de la postura.
El uso del claroscuro en este Ecce homo de gran daramatismo enfatiza el volumen del cuerpo y dirige la atención hacia el rostro inclinado, cargado de expresividad melancólica. La composición es sobria y concentrada, con un fondo oscuro que aísla la figura y refuerza su dimensión espiritual. La paleta cromática es reducida, dominada por tonos terrosos y carnaciones cálidas, lo que contribuye a una atmósfera íntima y contemplativa, a ese dolor que quiere encarnar en lo más íntimo.
El tratamiento del cuerpo combina realismo físico e idealización simbólica, mientras que los discretos signos de la Pasión introducen un dramatismo contenido, más introspectivo que narrativo. La obra induce a una meditación silenciosa sobre el sufrimiento y la dignidad trascendente de la figura de Cristo.